
La pieza musical que os adjunto en esta ocasión se trata de una sugerencia de la malvada Lura, espero que la disfrutéis.
Seiken Densetsu 2 OST - A Wish
Hace escasos días que llegué aquí.
Ledena es un pequeño pueblo situado en el extremo noreste del continente y se encuentra en un pequeño valle resguardado por varios montes nevados a su alrededor. El acceso a este pueblo es harto complicado, dado que los caminos que discurren hacia él están frecuentemente congelados, y se puede decir que es el lugar habitado más frío en el que una persona puede pasar su estancia.
Haciendo cálculos mentales, diría que aquí puede que vivan (o casi sería más correcto decir que sobrevivan, dadas las condiciones) aproximadamente medio centenar de personas. Sus habitantes son de carácter cerrado y reservado, no en vano casi no han recibido visitas de extranjeros con el paso de los años. Aun así no he tenido que soportar ninguna grosería o mala actitud por parte de ninguno de ellos, simplemente les cuesta confiar en los forasteros.
Me encuentro en este lugar para investigar ciertos rumores que han llegado a mis oídos sobre uno de los montes situados en la cordillera más importante de esta zona del continente, el Monte Ledus. Esa zona siempre ha sido fuente inagotable de mitos e historias sobre los peligros que aguarda, como suele ocurrir con cualquier territorio casi inexplorado. Pero una de esas historias está cobrando fuerza en estos últimos tiempos, ya que no son pocas las personas que se dice que han decidido aventurarse a explorar ese monte, y de las que no se ha vuelto a saber nada, y a las gentes de los alrededores no se les ha ocurrido otra cosa que atribuir todas esas desapariciones a una criatura… Un dragón.
Cabe decir que servidor cree en estas magníficas criaturas, y quien no lo haga es un necio. Son muchas las leyendas y testimonios fehacientes de su existencia: El Dragón sombrío de Nagazhan, que arrasó con toda una ciudad y del que no se supo más después del suceso; o el Dragón marino que constantemente asediaba navíos y puertos en el océano sur del continente, del cual incluso se conserva la cabeza como trofeo en la ciudad portuaria de Lurfin, después de que una empresa que reunió a miles de embarcaciones acabara con su amenaza.
En esos casos su existencia está totalmente probada, ya sea mediante testimonios escritos u oculares, pero este caso es diferente, ya que nadie lo ha visto ni puede probar su existencia. Ninguno de los aventureros que se adentro en el Monte Ledus ha conseguido volver con vida para contarlo, así que todo se basa en una serie de cuentos infundados que se extienden por el continente como un reguero de pólvora encendido.
La leyenda más extendida por estos lugares, es que este dragón no fue dragón desde el principio de los tiempos, si no que se trataba de un hombre. Según dicen, en aquel entonces, ni siquiera existía un solo atisbo de hielo por todo el territorio, el cambio se produjo por hechos que me dispongo a relatar:
Un día esta persona fue al monte, como solía hacer cuando se quería evadir de su dura profesión de herrero, la cual no tiende a prestar mucho descanso. Allí vio a una preciosa chica de pelo moreno y tez blanca, que estaba jugueteando y recogiendo algunas flores, y quedo prendado de ella desde el primer momento. Poco a poco fue reuniendo el valor para acercarse a ella, y cuando por fin la conoció, quedó aun más ciego de amor si cabía. Y fue correspondido.
Sus encuentros siempre se producían en ese monte, furtivamente y lejos de cualquier civilización y presencia ajena, y cada vez que el intentaba que ella la acompañara a su poblado, o le preguntaba a ella sobre su procedencia, lo esquivaba con descaro. Pero eso a él no le importaba, podía estar con la persona que amaba y verla tantas veces como lo necesitará, aunque fuera a escondidas.
Uno de esos días en los que todo parecía transcurrir de manera normal, aparecieron en el lugar cinco caballeros, uno de los cuales se presentó como noble, y como marido de la chica. Los otros cuatro desenvainaron sus espadas y apresaron al joven, el cual no puedo hacer nada para defenderse. El noble agarró a su esposa, y decidió que el castigo por su infidelidad sería la muerte, el cual efectuó de manera inmediata, sesgando su cuello y su vida con un rápido movimiento de espada. Y para el joven reservó el castigo más duro, atarlo con cadenas a un árbol, a escasos dos metros del cadáver, para que viera como el cuerpo inerte de su amante se descomponía ante sus ojos, sin posibilidad de hacer nada, y para que la tanto la culpa como el hambre fueran destruyéndole lentamente. Y así partieron.
Los días pasaban, y la culpa y la horrible visión de su amada yaciendo inerte en la hierba fueron helando su sangre, y la falta de agua y de nutrientes fueron secando lentamente su piel. Pasaron las semanas, y el joven, lejos de morir de hambre, dejó de sentir necesidad alguna para sobrevivir. Lo único en lo que podía pensar era en el odio y la culpa que sentía hacia lo que había ocurrido con esa joven inocente, que la única culpa que tuvo fue la de encontrarlo a él, y con ello provocar su muerte. Su cuerpo se heló, su piel se había convertido en duras escamas, sus manos en afiladas garras, y su odio le confirió tal fuerza que por fin pudo liberarse de las cadenas que le apresaban. Pero decidió no moverse de ahí, no evadir su culpa, y proteger el cuerpo de su amada hasta el fin de sus días.
Se dice que era tal su odio, que transmitió el dolor de su gélido corazón al monte, el cual se fue helando lentamente. Y era tan intensa su culpabilidad, que para mostrarla al mundo, extendió ese viento gélido a gran parte del continente, la cual quedó cubierta por una densa capa de nieve en escasos meses, hasta que todo el territorio resulto como lo conocemos hoy en día.
¿Y él? Sigue inmerso en el monte, guardando el cadáver de su amada, y arrebatando la vida de todo aquel que intente acercarse a él. Así que más vale que nadie se aventure por esos lares, ya que un Dragón gélido esta guardando el lugar, el lugar que hoy se conoce como el Monte Ledus.

Esa es la historia, y por muy incrédulo que me pueda mostrar ante tales leyendas infundadas, mi deber como investigador es comprobar su veracidad e informar de ello al Consejo. Así que junto a unos valientes mercenarios (a los cuales he tenido que comprar su servicio a un precio realmente abusivo, dado su escepticismo con estos hechos), dispongo a adentrarme en ese territorio, en busca de información y hechos que por fin consigan refutar este fantasioso relato.
Informaré al Consejo de los resultados en cuanto me sea posible.
Arthur Hombein, miembro del Consejo de estudio histórico del reino de Hultuan.
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Este mensaje que le adjunto se trata del último recibido por Arthur Hombein, uno de los más antiguos miembros de nuestro Consejo. Actualmente se encuentra en paradero desconocido...

Lo que puede llegar a hacer el odio... me resulta muy agónico imaginarme al pobre hombre teniendo que ver cada segundo de su sentenciada vida a la persona que tanto ama yacer ante el... y extremadamente grande debe ser su culpa para dejar que su cuerpo se transforme y lo condene a una eternidad de culpabilidad.
ResponderEliminarMe gusta esta leyenda, es muy cruda pero a la vez es muy bonita.
Entonces si Hombein esta actualmente en paradero desconocido, quizás es porque no consiguió volver del monte no? quizás debió ser más cauto y oponerse a la misión que le encomendó el consejo...
Me encanta el relato, es muy largo pero no se me ha hecho para nada pesado. Es duro pero sigue siendo bonito. Es serio pero sigue siendo dinámico. Me gusta mucho esa dualidad.